-¡Vale queso!
-¡Chin!, y conste que tu no fuiste.
-No, si eso no es lo que me rasca los tímpanos.
-¡Ya sé! Son los gritos de tu vieja. ¿No?
-Le juré por la virgencita que esta vez si la llevaría al cine.
-Si no comiera los domingos con tu jefecita, juraría que no tienes. Jajaja.
-Llevemos algunas cuantas rosas de la iglesia. Al fin que no creo que la virgen no me ayude, total es su reputación la que también está en juego con tu vieja. Jajaja
-No friegues, si total la virgen que pitos toca.
-Eso no se, jajaja.
-Ok, ok, pero bueno, mira vamos por esas flores del panteón. Al fin que la gente las tira, aunque este aún oliendo a un poquito de vida.
-¿Te sientes culpable verdad?
-Un poco, pues no más te meto tantita pila en el carburador y tu motor se enciende.
**
-Déjame a la puerta de mi casa, mañana pasa por mí a la misma hora. Y, no te preocupes, que si no hay comida, salimos por unas tortas con el Elvis.
-Ya rugió.
**
Despacio, despacio.
Se abren las pestañas de la casa y el perro sale a contonear la cola y a restregar la cara entre las pantorrillas. Sin prever cuidados de cancerbero, deja que el perro se encuentre en la calle, pero no hay persecución, ni gritos, ni insultos simples.
Deja las flores amarillentas en el piso. Le encanta ser perseguido al patio, para que ella tropiece con las flores y de la sorpresa de mar abierto, se vuelva loca en besos masticados en su rostro.
Sube, después de verificar en las cacerolas la comida que pasara por su esófago, y que llenara de bien su cansado cuerpo. La loza seca y en las tablas. Las escobas teñidas de un poco de polvo.
Recorre con los dedos el barandal y persigue a los escalones. La gotera ha formado un lago debajo del lavabo, pero ahora no quiere sumergirse a encontrar la caries del aquel cuello.
Pule una vez más la chapa con la palma. En la cama, su mujer mira la telenovela, que dictamina su futuro sin tazas de café y sin barajas españolas. Ahí toma nota de cómo sería su vida al final de 260 capítulos.
Hay que sufrir muertes e implacables silencios de fin de semana, pero siempre hay bodas y besos –piensa ella.
Él, se acerca y le besa la frente húmeda. Ella le dice: Enseguida bajo.
Él, mira como en la televisión un hombre abre la puerta y su mujer está en el lecho, desnuda y con su amigo, tal vez, el único que aún conserva a los 45 años.
Regresa al lecho, y se abraza a la vida sin Fin.
-¡Chin!, y conste que tu no fuiste.
-No, si eso no es lo que me rasca los tímpanos.
-¡Ya sé! Son los gritos de tu vieja. ¿No?
-Le juré por la virgencita que esta vez si la llevaría al cine.
-Si no comiera los domingos con tu jefecita, juraría que no tienes. Jajaja.
-Llevemos algunas cuantas rosas de la iglesia. Al fin que no creo que la virgen no me ayude, total es su reputación la que también está en juego con tu vieja. Jajaja
-No friegues, si total la virgen que pitos toca.
-Eso no se, jajaja.
-Ok, ok, pero bueno, mira vamos por esas flores del panteón. Al fin que la gente las tira, aunque este aún oliendo a un poquito de vida.
-¿Te sientes culpable verdad?
-Un poco, pues no más te meto tantita pila en el carburador y tu motor se enciende.
**
-Déjame a la puerta de mi casa, mañana pasa por mí a la misma hora. Y, no te preocupes, que si no hay comida, salimos por unas tortas con el Elvis.
-Ya rugió.
**
Despacio, despacio.
Se abren las pestañas de la casa y el perro sale a contonear la cola y a restregar la cara entre las pantorrillas. Sin prever cuidados de cancerbero, deja que el perro se encuentre en la calle, pero no hay persecución, ni gritos, ni insultos simples.
Deja las flores amarillentas en el piso. Le encanta ser perseguido al patio, para que ella tropiece con las flores y de la sorpresa de mar abierto, se vuelva loca en besos masticados en su rostro.
Sube, después de verificar en las cacerolas la comida que pasara por su esófago, y que llenara de bien su cansado cuerpo. La loza seca y en las tablas. Las escobas teñidas de un poco de polvo.
Recorre con los dedos el barandal y persigue a los escalones. La gotera ha formado un lago debajo del lavabo, pero ahora no quiere sumergirse a encontrar la caries del aquel cuello.
Pule una vez más la chapa con la palma. En la cama, su mujer mira la telenovela, que dictamina su futuro sin tazas de café y sin barajas españolas. Ahí toma nota de cómo sería su vida al final de 260 capítulos.
Hay que sufrir muertes e implacables silencios de fin de semana, pero siempre hay bodas y besos –piensa ella.
Él, se acerca y le besa la frente húmeda. Ella le dice: Enseguida bajo.
Él, mira como en la televisión un hombre abre la puerta y su mujer está en el lecho, desnuda y con su amigo, tal vez, el único que aún conserva a los 45 años.
Regresa al lecho, y se abraza a la vida sin Fin.

No hay comentarios:
Publicar un comentario